Cambio climático y plantas desaladoras en Andalucía

Publicado en parte en el Diario de Sevilla.

Pedro Martin Ruiz

Licenciado en Derecho. Sociólogo.                                                                                        

  

Una de las muchas consecuencias del cambio climático tiene que ver con el aumento de las temperaturas y la disminución e irregularidad de las lluvias, lo cual se agrava por la mayor evaporación del suelo. Parece ser que esta tendencia se acentuará en los próximos años con periodos intercambiables de sequías e inundaciones por lluvias torrenciales que causan más daño que provecho y que provocarán la desaparición de ciertas especies de flora y fauna, la desertificación e, incluso, el traslado de poblaciones.

Para paliar esta situación se hace necesario una serie de medidas, entre ellas, la gestión digital del uso del agua, la reducción de fugas en las canalizaciones de riego y redes de suministro urbano, -se dice que se pierde más de un 20%-, menores consumos en todos sus usos, cambios de cultivos hacia otros más resistentes y adaptados al medio, así como más infraestructuras de almacenamiento, junto con una mayor depuración y reutilización del agua regenerada. En cualquier caso, todo esto no será suficiente, sino que se prevé un aumento de la demanda de agua, en especial, por parte de la industria- hidrógeno, Centros de Datos, minería…-y de toda clase de servicios.

La sequía se considera ya como un fenómeno estructural por lo que hay que acudir a medidas estructurales para conseguir una mayor disponibilidad del líquido elemento, sobre todo, en el litoral mediterráneo donde se incrementará la población y la actividad económica, y donde precisamente podemos encontrar la solución, mediante la construcción de plantas de desalinización. Creemos, firmemente, que no debería haber problemas de abastecimiento urbano y para otros usos a lo largo de toda nuestra costa, al menos, en una franja de unos 20-30 kilómetros tierra adentro.

A nivel internacional existen desaladoras emblemáticas como la de Ashkelon en Israel, operativa desde 2005 con una capacidad de 120 hm3/año, en ampliación a 220, y que fue innovadora con nuevas tecnologías en el control de residuos y sistemas de eficiencia energética. Todo lo cual redujo en su tiempo el coste del agua desalinizada. En este aspecto, Israel es un referente pues con ella abastece a toda su población y recicla un 85% de la misma. También, debemos mencionar a Arabia Saudita donde se encuentra la mayor desaladora del mundo con una capacidad de 1 hm3/día para más de 4 millones de personas, en cuya construcción participó la empresa española Acciona, y Abu-Dhabi que dispone de una gran planta algo menor en la que participó Abengoa.

En España hay unas 770 desaladoras, casi la mitad de agua salobre, y la gran mayoría de pequeña capacidad y en las Islas Canarias. En total unos 1.700 hm3 al año de producción. Destaca la de Torrevieja con unos 80 hm3/año para consumo humano y agrícola y la del Prat en la desembocadura del rio Llobregat en Barcelona, inaugurada en 2009 con una producción de 60 hm3/año, de las más grandes de Europa para el abastecimiento humano. Esta, según informes publicados, trabaja con una salinidad de 35.000 mg/L (miligramo por litro), elimina la sal en un 99.7%. y tiene un índice de conversión del 45%, es decir, de cada 100 litros de agua de mar se obtiene 45 litros de agua desalinizada a un coste de 0.60 euros metro cúbico.

El procedimiento normal de conversión de todas ellas es por ósmosis inversa. Consiste en que, después de un tratamiento primario, el agua de mar sometida a presión pasa a través de densas membranas y las moléculas de la sal- iones de cloruro de sodio-y otros restos quedan retenidos, dejando pasar el agua casi apta para el consumo a falta de un tratamiento terciario y remineralización. En la actualidad se investiga en diversos centros repartidos por toda la geografía española para usar mejores membranas y menos productos químicos dañinos para el medio ambiente para su limpieza, así como en aprovechar las sales y otros minerales.

La desalinización tiene dos problemas básicos: uno es el alto coste energético, en buena parte, ya resuelto con el empleo de las energías renovables y el otro es la eliminación de los residuos que hasta hace poco, en su totalidad, se devolvían al mar, ocasionando problemas en el plancton marino vegetal y animal. Es lo que se denomina salmuera que equivale a más del 50% del agua que entra en las membranas con alta concentración de sales y otros subproductos sólidos y orgánicos.

Se trata de reutilizar los residuos, en especial, cloruro sódico, cloruro potásico y otros minerales, como magnesio, calcio, bromo, litio, etc. También los orgánicos para compostaje, como fertilizantes para la agricultura, de modo que el agua residual se reduzca y se diluya al máximo y pueda emplearse para ciertos cultivos tolerantes a la sal o se devuelva al mar sin problemas medioambientales. De todos modos, los costes actuales son elevados y hay que mejorar las tecnologías para que el aprovechamiento de la salmuera sea eficiente y que la actividad desalinizadora sea casi sostenible.

Centrándonos en Andalucía, vemos que el fenómeno de la sequía y el aumento de las temperaturas empieza a ser preocupante. Afecta mucho al arbolado pues a más calor necesita más agua y al ser esta escasa afecta a la fotosíntesis y, en general, produce estrés hídrico en los distintos ecosistemas, lo cual exige una mayor extracción con el riesgo de salinizar los acuíferos. La sequía ocasiona, también, la disminución de la superficie regable, reduce las cosechas, distorsiona la economía y facilita los incendios forestales. En las ciudades por las restricciones o la mala calidad por contaminación se acude a los camiones cisternas, se dejan de regar jardines, se prohíben el uso de las piscinas o se corta el agua de las duchas en la playa, etc.

Un buen indicador de esta situación es comprobar el estado de nuestros embalses. A 1 de octubre de 2024, comienzo del año hidrológico, según el Ministerio para la Transición Ecológica, España disponía de 26.773 hm3 de agua embalsada el 48% de su capacidad, algo parecido a la media de los diez últimos años en la misma semana. Andalucía disponía de 3.478 hm3, al 29% de su capacidad, 13 puntos menos que la media de los últimos diez años. Los peores datos los tenemos en la provincia de Almería al 8% de agua embalsada y la provincia de Málaga al 16%.

Es de destacar que grandes embalses como el de Cuevas de Almanzora con una capacidad de 161 hm3 en Almería, La Viñuela con 165 y Guadalhorce-Guadalteba con 279 en Málaga, y Barbate en Cádiz con 228 hm3 de capacidad están al 11% de media de agua embalsada, 22 puntos porcentuales menos que la media de los últimos diez años en la misma semana. Debemos recordar que, según los técnicos, un embalse no es funcional o útil por debajo del 8% de su capacidad.

En las zonas del interior para paliar la escasez de agua se puede acudir a la apertura de nuevos pozos, a la construcción de algunas presas (6-7), a trasvases o a canalizaciones y tomas desde embalses próximos para compartir el agua entre distintos municipios, en especial, para el abastecimiento de los hogares. El problema se agrava a lo largo de todo el litoral mediterráneo andaluz con el aumento de población y la enorme presión del turismo y sus campos de golf, así como la proliferación de invernaderos y cultivos tropicales de altos rendimientos, como el aguacate o mango que corren un serio peligro de seguir cultivándose. La solución no es otra que la construcción de desaladoras o la paralización de grandes desarrollos urbanísticos y el abandono de superficies de riego, en este caso de alta productividad.

En Andalucía existen seis grandes plantas desaladoras del Estado; dos de ellas de agua salobre, cuatro en la provincia de Almería, sobre todo, para uso agrícola. Son las de Carbonera con 40 hm3/año de capacidad, la de Dalías con 30, la de Palomares en el Bajo Almanzora 20 hm3, aunque no operativa, y la del Mar de Alborán con 20 hm3/año. También, hay una municipal en Almería capital y otra privada en Cuevas de Almanzora de la comunidad de regantes.

En la provincia de Málaga destaca la de El Atabal inaugurada en 2005 de agua salobre que produce 76 hm3/año para satisfacer las necesidades de unas 500.000 personas de la capital, y la de Marbella, ahora con 12 hm3 en ampliación a 20. En total, en nuestra región se produce unos 230 hm3 de agua desalinizada al año, ya que algunas no están funcionando a pleno rendimiento. Todo ello resulta insuficiente y no cubre las necesidades actuales y mucho menos las previstas, por lo que los poderes públicos deben hacer un gran esfuerzo para cumplir con un derecho básico, como es el que tiene todo ciudadano de la Unión Europea a la disponibilidad de agua potable para su el consumo.  

En un horizonte de unos diez años, considero que habría que construir unas doce plantas, a ser posible en colaboración pública-privada, tanto para las ciudades como para las actividades agrarias, de la industria y los servicios, en las siguientes zonas. En Almería en el área de Garrucha-Mojácar y en la de la capital-Roquetas. En Granada en Motril-Almuñecar. En Málaga La Axarquía, Mijas y Estepona. En Cádiz Algeciras y Chiclana y en Huelva capital y Lepe. También, aunque pueda sorprender, dos en Sevilla, que comentaremos más adelante.

Para simplificar y en cifras aproximadas, en una primera fase para el año 2030 la capacidad media sería de 50 hm3/ año, en un 90% con suministro de energía limpia procedente de plantas fotovoltaica o/y eólicas, propias y adyacentes, de unos 60 MW de potencia instalada y con una batería de almacenamiento eléctrico de 30-40 MW.

En una segunda fase, si procede para el año 2035, se podría aumentar a 80 hm3 de media, con lo cual se incorporaría cerca de 1.000 hm3/año de agua desalinizada. Alrededor de un 50% sería potable y se mezclaría con agua dulce de nuestros embalses, cuya finalidad principal debe ser para consumo humano. La otra mitad, junto con la regeneración y reutilización al máximo de todas las aguas disponibles, cubriría toda la demanda previsible de cualquier uso y se recuperarían los acuíferos en amplias extensiones del territorio próximo a las plantas desaladoras.     

El caso de Sevilla como ciudadano residente me preocupa. Al igual que dijimos que a lo largo del litoral no debería haber problemas de agua, aunque no lloviera, lo mismo me atrevo a decir respecto al área metropolitana de Sevilla. Por el oeste de la ciudad discurre el rio Guadalquivir con una longitud de más de cien kilómetros, desde la presa de Alcalá del Rio hasta la desembocadura en Sanlúcar de Barrameda. Sus aguas son permanentes y estables con una leve oscilación desde la cota máxima de llenado, gracias al flujo continuo de las mareas. Lo mismo sucede con el Canal Alfonso XIII – la dársena inicial del Guadalquivir- con un recorrido de unos 13 kilómetros que atraviesa el centro de la ciudad desde el tapón de San Jerónimo hasta el encuentro con el rio por la esclusa.

Aprovechando estas circunstancias se propone la construcción de dos desaladoras con las mismas características que las anteriores. Una en el municipio de Isla Mayor de carácter público-privado para atender los riegos de unas 32.000 hectáreas de arroz, este año 25.000 por falta de agua, así como para las necesidades del Parque Nacional de Doñana. Como se sabe, las marismas de Doñana, que con el Parque Natural adyacente suman 122.489 hectáreas, son humedales de un gran valor ecológico a nivel mundial y muy sensibles a los fenómenos atmosféricos. Es evidente que se está produciendo una reducción progresiva del agua de sus acuíferos y de la superficie inundable, y con ello la disminución de la cantidad y variedad de aves, así como otros muchos problemas para su flora y fauna, siendo, por tanto, su futuro muy incierto.

La segunda planta sería para el área metropolitana de Sevilla. Creíamos que la construcción del embalse de Los Melonares en 2009, para un volumen de 186hm3, cubriría todas sus necesidades. El problema aún no parece ser grave, pero convendría prevenir y pensar en el medio y largo plazo. En este sentido, se propone la instalación de una importante Estación de Tratamiento y planta potabilizadora de agua entre la ciudad de Sevilla y la presa de Alcalá del Río en los terrenos que ocupa la depuradora de San Jerónimo, con una superficie de 18 hectáreas, y que muy pronto estará fuera de servicio.

El agua podría bombearse desde el rio Guadalquivir, o del Canal Alfonso XIII de mejor calidad, ambos lugares muy próximos, y después de un proceso de tratamiento primario y terciario, en especial, de residuos sólidos, orgánicos y otros contaminantes patógenos, convertir una parte en agua potable como complemento para toda el área metropolitana, alrededor de 1.500.000 personas. Otra parte, quizás, con un simple tratamiento primario podría ser utilizada para la industria y los servicios de la gran ciudad, así como para riegos cercanos muy productivos.

En una primera fase, la producción de la Estación sería de unos 50 hm3/año, alimentada por energía fotovoltaica flotante sobre las orillas del rio o canal, o bien en terrenos cercanos, con una potencia instalada de 60 MW y batería de almacenamiento. Como es lógico al extraer esta importante cantidad de agua el grado de salinidad subiría rio arriba y habría que estudiar bien todas sus consecuencias antes de acometer una posible segunda fase, la cual sería factible si solo ocasiona un aumento de sales y otros residuos, sin otros problemas medioambientales, aunque, subirían los costes de los procesos de depuración.

Según diversos estudios consultados y elaboración propia, el coste aproximado de la desalinización en plantas modernas de tipo medio y con energías renovables adjuntas, a tres años operativas y para agua potable, puede oscilar alrededor de 0,30 euros metro cúbico y de 0,25 de agua salobre por su menor salinidad y menor gasto energético, así como de 0.16 para otros usos.

Respecto a Sevilla, para el arroz y marismas, al igual que para el riego, la industria y los servicios de la capital, el coste sería de 0.10 euros m3, dada la menor exigencia de los procesos de tratamiento. Para el agua potable del área metropolitana podría estar entre 0,16 y 0.20 euros, teniendo en cuenta las características favorables del agua en dicho tramo del Canal y otras circunstancias positivas del lugar elegido para la ubicación de la planta. Todos estos costes, en mi modesta opinión, parecen posibles y asumibles.

Sabemos que todo lo aquí expuesto adolece de un buen análisis y rigor. Lo procedente sería aprobar un Plan Hidrológico por cuencas o demarcaciones hidrográficas y por provincias con sus respectivos Informes para que los políticos adopten las adecuadas decisiones y nuestras magnificas empresas lo lleven a cabo. Pero el tiempo apremia y es evidente que la escasez de agua y el aumento de las temperaturas son problemas reales y urgentes con malas perspectivas de cara al futuro, en especial en el caso de Andalucía. Por nuestra parte, solo pretendemos aportar algunas ideas y propuestas concretas como posibles soluciones.

                                                                                            Sevilla, octubre 2024

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