La inestabilidad del sistema eléctrico español

Pedro Martin Ruiz.

Licenciado en Derecho. Sociólogo

El sistema eléctrico español está descompensado y no es el apropiado para la situación actual de la oferta y el consumo de energía. En muchas ocasiones en las que hay que integrar la excesiva producción renovable con la generación convencional (hidráulica, nuclear y gas), existe una gran dificultad para conseguirlo, lo que provoca unas perturbaciones que en grado máximo sucedió el 28 de abril de 2025, el día del gran apagón. Las propias compañías eléctricas reconocen un retraso de entre cinco y diez años en la ejecución de las infraestructuras de conexión a la red, lo que frena muchos de los nuevos proyectos industriales e inmobiliarios.

Como es sabido el grueso de la industria electro-intensiva, las grandes empresas y la concentración de la población están en el País Vasco, Madrid, Cataluña o la Comunidad Valenciana que, precisamente, son todas ellas deficitarias y tienen que importar la electricidad. Así, Madrid importa el 95% de su consumo y el País Vasco o Valencia más del 50%, desde las zonas rurales donde se produce el 85% de España, en especial, de las dos Castillas, Extremadura y Aragón, aunque en este último caso por poco tiempo, a medida que entren en funcionamiento los Centros de Datos previstos.

Actualmente, en las redes de nuestro sistema eléctrico se producen oscilaciones provocadas, según el operador del sistema (REE), por el despliegue masivo y asimétrico de proyectos fotovoltaicos, sobre todo, en el sur y centro de la península. Según datos de REE se preveía instalar en Andalucía 4.782 MW y ha acabado con 10.442 MW al cierre de 2025, Castilla- La Mancha de 3.555 MW. a 7.500 MW y Extremadura de 3.894 MW a 7.676 MW. En la actualidad, entre las tres representan más del 66% de la potencia solar instalada.

El problema es que no hay capacidad para integrar grandes volúmenes de generación renovable solar y eólica sin poner en riesgo la estabilidad del sistema. Al no haber demanda próxima se provocan importantes flujos de energía sur-norte, sin estar preparada la red para soportar semejantes transferencias masivas de electricidad, aparte del 10-15% que se pierde en el transporte.

De forma concreta, la situación actual es que el 83% de los nodos o puntos de conexión de la red española están saturados y apenas permiten nuevas posiciones o accesos, así como el 75% de las principales subestaciones ni pueden absorber más electricidad ni pueden aceptar las nuevas solicitudes de los grandes consumidores.

Refiriéndonos a las tres regiones citadas, las ultimas en el ranking de desarrollo socio-económico y que, junto con Castilla y León son y serán las mayores productoras de energía renovable, nos encontramos que Andalucía tiene el 96% de los puntos de la red de distribución sin conexión posible y, en especial, Almería, Málaga y Cádiz.

En Extremadura el 87% de los nodos están cerrados, siendo muy difícil acceder o evacuar la producción, máxime con la reciente prórroga de la nuclear de Almaraz (Cáceres), donde las redes entran en competencia. Algo parecido sucede en Castilla La Mancha en las provincias de Albacete, Cuenca o Guadalajara, ya saturadas y sin potencia disponible.

Por otra parte, se desperdicia mucha energía renovable, dada la dificultad de evacuar en la red y por falta de demanda próxima. El pasado año, según datos de Red Eléctrica, se perdió el 20% de la energía generable en España, sobre todo, en Badajoz y Ciudad Real donde fue más del 30%. Se llaman vertidos técnicos no integrados (curtailments) porque la red no puede absorber la producción y se pierde o deja de producirse.

La capacidad instalada en España es de 150 GW y la punta de máxima demanda es de unos 40GW, por lo que tenemos casi cuatro veces más potencia que consumo y, a pesar de eso, hay riesgos de fluctuaciones, perturbaciones y apagones puntuales. Esto se debe a que la energía solar y eólica son intermitentes y el exceso de producción se suele concentrar al mediodía o en algunas noches por la eólica y no existe capacidad de integración en el sistema eléctrico actual.

La solución que ha encontrado Red Eléctrica es la “operación reforzada” con los ciclos combinados, lo que hace que la factura eléctrica esté a expensas de la volatilidad de los precios del gas fósil y de los conflictos bélicos y geopolíticos, lo cual se ha traducido en una fuerte subida de la factura de la luz, de los carburantes y, en definitiva, de la inflación el pasado mes de agosto.

Otra medida adoptada es el servicio de respuesta activa de la demanda (SRAD), que consiste en interrumpir, previo aviso, el suministro de electricidad a la industria electro-intensiva durante unas horas por desajustes entre generación y demanda, lo que ha sucedido en seis ocasiones a lo largo del verano. Ambas medidas tienen un alto coste que al final de año puede alcanzar los 4.500 millones de euros. También se han revisado las concesiones y se ha podido liberar y recuperar capacidad de potencia de proyectos que se encuentran retrasados y no la necesitan a corto plazo.

En realidad, se trata de un tema muy complejo y, en nuestra opinión, requiere de un conjunto de medidas que han de aplicarse de forma simultánea, paralela, y mediante fuertes inversiones públicas y privadas para que dentro de cinco años

consigamos recuperar el enorme retraso acumulado. Las actuaciones tendrían unos aspectos de carácter general y tres objetivos: Uno de tipo logístico con el fortalecimiento y extensión de la red, tanto la de transporte como de distribución, otro actuando sobre la oferta y el otro sobre la demanda.

Con carácter general, consideramos que la planificación de Red Eléctrica a cinco años es un periodo muy largo si no se hace un seguimiento constante y flexible para resolver las solicitudes de conexión, con plazos más rápidos de ejecución y un marco regulatorio actualizado y dinámico que permita atender las necesidades actuales. El otro aspecto es adoptar una política decidida por parte del Gobierno y de las empresas de electrificar al máximo toda la economía en los hogares, el transporte y la industria. Por último, España no puede seguir siendo una isla energética, hace falta más interconexiones con los países limítrofes, aunque opinamos que en lugar de mandar la materia prima mejor emplearla en productos de mayor valor añadido.

En cuanto al tema logístico hay que realizar nuevos tendidos, no solo a larga distancia con los problemas que significa, sino sobre todo con un buen mallado interior en las tres regiones mencionadas y cerca de las zonas productoras. Del lado de la oferta es viable multiplicar por tres o cuatro la potencia actual instalada, en especial, la agrovoltaica, bombeo reversible y autoconsumo en las que somos muy competitivos.

Del lado de la demanda, la Administración debe incentivar la localización, por ejemplo, con tarifas eléctricas más baratas como se hace en otros países, de toda clase de empresas e industrias electro-intensivas, Centros de Datos, complejos químicos con plantas de hidrógeno y derivados como amoniaco, combustibles y fertilizantes, gigafactorías, o grandes desaladoras con energías renovables en el caso de Andalucía

Asimismo, promover en estas regiones las empresas metalúrgicas y de transformados metálicos, relacionadas con su rica minería para la fabricación y reciclaje de los componentes de la industria energética y digital, desde las estructuras metálicas, los paneles solares, inversores de red, semiconductores, turbinas, condensadores y nuevas subestaciones.

En el aspecto técnico, procede fortalecer la red y evitar las oscilaciones de la tensión y frecuencia. Para ello, Red Eléctrica ha aprobado la ejecución de ocho compensadores síncronos y pensamos que lo procedente serian dos para cada una de las Comunidades citadas. Proporcionan el control dinámico de la tensión, aportan inercia al sistema y dan estabilidad a la red eléctrica. Hay otros dispositivos, como los convertidores eléctricos de potencia, los inversores formadores de red (Grid Forming) y modernas subestaciones que hacen que la Red sea inteligente y funcione correctamente.

Otra de las medidas sería aumentar y mucho el almacenamiento con baterías en las plataformas renovables para aprovechar la energía sobrante a determinadas horas del día. No obstante, creemos que la mejor forma de almacenar la electricidad es con un mayor desarrollo de la hidráulica de bombeo reversible. Es de bajo coste, tiene inercia y yo diría inagotable en el litoral andaluz. Según nuestros informes las posibilidades de incrementar la producción son considerables en los numerosos embalses existentes.

De todos modos, éstas medidas tardarían un largo tiempo para su puesta en práctica, por lo que la solución más factible es que los complejos industriales químicos, metálicos o digitales, como grandes consumidores que son, generen su electricidad renovable, bien de modo directo o en asociación con otras empresas cercanas, a través de contratos de energía a largo plazo (PPA), con sus generadores y subestación. Ya lo hacen algunos Centros de Datos.

En este sentido y a escala menor es muy conveniente la creación de comunidades solares de autoconsumo en las ciudades, polígonos industriales y plataformas logísticas con sus propias baterías y la posibilidad de evacuar a la red general

Con todo lo expuesto, se pretende que España para el periodo 2030-35 disponga de una red inteligente y sostenible que ajuste la oferta a la demanda en tiempo real, las tarifas eléctricas sean más baratas, se reduzcan las emisiones de gases nocivos y la enorme dependencia actual. No menos importante, para que la transición energética sea justa, como predica el Gobierno, disminuya la brecha entre el norte industrial y sur agrario, así como las grandes desigualdades económicas y sociales de Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha, en relación con Madrid, País Vasco o Cataluña.

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